En 2014, tres carpinteros decidieron dejar de producir muebles en serie. No porque fuera poco rentable. Porque se sentía vacío.
Cada pieza salía perfecta según las especificaciones. Pero ninguna respondía a una necesidad real. Nadie nos había contado cómo vivía. Qué buscaba. Por qué necesitaba ese mueble específico.
Dejamos de mostrar catálogos. Empezamos a hacer preguntas.
Cada proyecto ahora comienza con una conversación larga. Visitamos el espacio. Observamos cómo circulás, dónde entra la luz, qué hacés en cada rincón.
Solo después de entender tu contexto, empezamos a dibujar.
Todo lo que fabricamos está comprometido antes de cortarse la primera pieza de madera.
Trabajamos con roble, nogal, cerezo. Madera certificada de proveedores europeos. Nada viene de plantaciones industriales. Cada tabla tiene historia.
Los acabados los aplicamos a mano. Tres capas mínimo. Sin apuros. El tiempo que requiera cada material.
Somos ocho personas. Cuatro carpinteros, dos diseñadores, una coordinadora de proyectos, un especialista en acabados.
No subcontratamos la fabricación. Todo ocurre en nuestro taller de Barcelona. Podés visitarnos con cita previa si querés ver cómo trabajamos.
Jamás prometemos plazos que no podemos cumplir. Si un proyecto requiere seis semanas, lo decimos desde el inicio.
No usamos materiales baratos para reducir presupuesto. Si tu presupuesto no alcanza para el material adecuado, te lo decimos antes de comenzar.
Cada mueble sale del taller cuando supera nuestra revisión de calidad. No cuando el cliente apura. Si encontramos un defecto en la instalación, volvemos a fabricar la pieza.
Porque cada tanto recibimos un mensaje de alguien que nos cuenta que su mesa se convirtió en el lugar donde su familia se reúne todas las noches.
O que la estantería que diseñamos terminó siendo el primer mueble que sus hijos heredarán.
Esos momentos justifican todo el proceso. Cada medición. Cada ajuste. Cada hora lijando a mano.